Hoy en nuestro blog queremos recoger un caso de éxito del que nos sentimos muy orgullosos. Hace unas semanas hablábamos acerca de la batalla interna y sin descanso que se libra en República Democrática del Congo debido a la presencia de coltán y los efectos de su explotación para su consumo posterior en Occidente. Si esta realidad resulta innegable, del mismo modo que sus efectos para la población –enfrentamientos armados, violaciones, enfermedad y pobreza extrema-, también es cierto que, en medio del caos, puede haber espacio para la luz. Nos referimos al maravilloso ejemplo del hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) -ONG con la que colaboramos en la captación de socios a través del face to face en Canarias- en la región de Gety.

A finales de 2006 se produjo la primera intervención de MSF en el país, iniciada en la región de Gety, situada al este del país. Por aquel entonces, los violentos enfrentamientos entre las milicias y las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo provocaron el desplazamiento de miles de personas que tuvieron que refugiarse en los bosques de eucaliptos de alrededor de Gety, en la provincia de Ituri. La enfermera Florence Fongo fue miembro de aquel primer equipo en el terreno.

“Trabajamos en los campos de refugiados de diciembre de 2006 a abril de 2007, y después dejamos la zona. Sin embargo, la lucha se reanudó causando más desplazamientos, por lo que volvimos en 2008 y 2009. Fue entonces cuando empezamos a apoyar al hospital general de referencia. Así, no todos los casos graves tenían que ser remitidos al hospital de Bunia, en el noreste del país. Siete años más tarde, todavía estamos allí”, explica dice Florence Fongo.

Pero, partiendo de la idea de que la aspiración de MSF, como la de cualquier ONG, es dejar de ser necesaria, se han llevado a cabo grandes esfuerzos formativos para lograr que el personal local pueda tomar las riendas y valerse por sí solo.

“Enseñar a pescar”

Tal y como relatan desde la ONG, la historia reciente de Gety es muy repetitiva, con luchas y desplazamientos, violencia y extorsión. El caso de Madeleine es una triste prueba de ello. A sus 57 años, esta paciente de MSF fue violada por dos hombres armados a principios de 2016. De sus siete hijos, dos de sus hijas tuvieron el mismo destino y dos de sus hijos fueron asesinados por las milicias, el primero en 2005 y el otro el año pasado. Su familia es como cualquier otra y su historia no es inusual en esta región. Las violaciones son un arma de guerra más, una práctica muy habitual entre los soldados que supone un estigma para las afectadas que tendrán que arrastrar de por vida.

Partiendo de esta situación, en MSF se empezó a trabajar con el hospital general de referencia de Gety en 2008, tratando a niños con desnutrición y ampliando sus servicios para cubrir la atención pediátrica, el apoyo a víctimas de violencia sexual, servicios de emergencia y cuidados intensivos, cirugía y servicios de maternidad. “Cuando empezamos a trabajar en el hospital, muchos de los servicios estaban instalados bajo láminas de plástico”, recuerda Florence. “Sabíamos desde el principio que no estaríamos allí para siempre, así que invertimos mucho en la capacitación del personal del Ministerio de Salud, realizando trabajos de renovación y construcción de edificios permanentes. Ahora, el hospital está funcionando muy bien”.

Desde el inicio de 2016, se comenzó a traspasar la responsabilidad de ciertos departamentos al Ministerio de Salud, un traspaso que permite dejar en buenas manos a la población con la futura salida de MSF del país en el momento en que ésta sea posible.

Este traspaso, comentan desde MSF, se realiza gradualmente, con sus especialistas apoyando al personal del Ministerio. “Todo con el fin de asegurarnos de que tienen el conocimiento que necesitan para cuidar adecuadamente de los pacientes”. Así, asegura Florence, “cuando empezamos a trabajar en el centro de nutrición del hospital, las enfermeras no sabían acerca de las diferentes etapas de la desnutrición, ni qué tipo de leche se debe de dar en cada etapa de la enfermedad. Ahora tienen un conocimiento amplio. Son capaces de proporcionar atención de alta calidad a los niños con desnutrición”, opina.

La unidad neonatal, todo un orgullo

El estrés causado por el desplazamiento y la lucha lleva a muchas mujeres a dar a luz prematuramente. “Cuando llegamos a Gety, los bebés prematuros se colocaban en una caja y se mantenían calientes con botellas de agua caliente, antes de ser referidos a Bunia -a dos horas de distancia por carretera-“, dice Florence. “Sin embargo, en 2014 abrimos una unidad neonatal que está separada del departamento de pediatría. Al introducir solo unos pocos métodos simples, hemos podido salvar un gran número de vidas“. La unidad neonatal admite entre 25 y 30 recién nacidos al mes y ha sido capaz de reducir a la mitad la tasa de mortalidad en tan solo dos años.

Aunque los combates entre las milicias y el ejército regular han disminuido desde 2014, no pasa una semana sin incidentes de seguridad como saqueos, ofensivas y violaciones. “Nuestras actividades y la gratuidad del tratamiento han ayudado realmente a la población de Gety”, explica Florence, ahora directora del centro de nutrición terapéutica del hospital y de los servicios de pediatría y neonatología. “Somos la única organización que se quedó para ayudar durante lo peor del conflicto”.